Artículo – Diario Vasco


El Diario Vasco Marisol Fernández, Zumárraga.  2 de junio de 2017.

El artículo resume la idea de la exposición y mi suerte al salir ileso de la caída de un rayo.

Iñaki Castillo expone sus «oraciones» de madera en la casa de cultura.

«Cuando vine a Zumárraga me quedé enamorado de La Antigua», afirma Iñaki Castillo. El escultor pamplonés, afincado en Barcelona, conoció nuestro municipio el año pasado cuando «ayudé a mi amigo Julio Pablo Pérez a preparar una exposición de pintura en este mismo lugar». El lugar no es otro que la casa de cultura Zelai Arizti, que acoge desde ayer hasta el próximo día 11 la muestra ‘Oraciones’ que da a conocer una docena de esculturas de madera de Castillo.

«Es un reconocimiento a las personas que construyeron la ermita de la Antigua. Un homenaje a los escultores que realizaron las maravillosas tallas geométricas en sus vigas, tallas llenas de vida y de simbolismo», dice el escultor.

La exposición rescata «las tallas de La Antigua que pueden ser más interesantes para su disfrute». Una de ellas es la denominada ‘La llama’. «La idea surgió de la llama que se conserva en la ermita de la Antigua colocada hacia abajo. Es la llama del Espíritu Santo que se representaba lanzando su fuego hacia la tierra, hacia el hombre. Encontré también unas grandes copas con fuego talladas en piedra en la fachada de la catedral de Pamplona. De todo esto he creado esta ‘Llama’ saliendo de un recipiente lleno de símbolos humanos y divinos», explica.

Otra de las obras que el escultor ha elaborado expresamente para esta exposición es la ‘Réplica de las tallas de la Antigua’, realizada en una pieza de roble, «la misma madera que hay en la ermita».

La muestra se completa con otra decena de obras. Alguna de ellas es «una bolsa de basura» que representa «parte de la vida que el hombre desecha».

«Me cayó un rayo» 

Otra es «un homenaje a un rayo que me cayó en 1975». Fue escalando el Espigolo norte del Pizzo Badile, una arista de granito de 1.000 metros de longitud. Después de siete horas de escalada, llegamos a la cumbre (3.308 m.)», recuerda. 

«Montamos un rápel desde la cumbre y bajaron mis dos compañeros. Mientras esperaba, cayeron dos rayos a mi lado; yo me agachaba y los calambres de los electrones hacían mucho daño. Me tocó bajar y, al recuperar un mosquetón en una reunión, agarré parte de la energía de un rayo que en ese momento caía en la cumbre. La impresionante descarga me pegó un gran calambre y me tiró hacia atrás. Sentí un calor extremo con un dolor que me quemaba las plantas de los pies. Era tan intenso que estalló en mi cabeza y desapareció. En el estallido surgió la luz blanca y me pregunté: ¿estoy muerto?», recuerda. 

No lo estaba. De hecho, fueron sus dos compañeros quienes le salvaron la vida al llevarle, haciendo un gran esfuerzo, hasta un refugio, desde donde pudieron evacuarle en helicóptero.

«Se pueden tocar»

Las esculturas de Iñaki Castillo tienen un denominador común: «se pueden tocar para sentir la forma en toda su plenitud». Iñaki invita a ir a la Antigua con un cuaderno y hacer los dibujos, en lugar de sacar fotos. «Si te pasas quince minutos dibujando un capitel, un detalle… queda guardado en tu mente para siempre, te lo aprendes…».

Castillo ha completado su exposición con unos códigos QR que ofrecen amplia información de sí mismo y de su obra. Los interesados también la encontrarán en su página web ‘icastilloescultor.com‘.

Marisol Fernández, El Diario Vasco.