El rescate

Helicóptero de la base de Samedam especializado en rescates
El guía suizo que iba con un cliente italiano y que había hecho la vía Cassin nos dijo que, después de bajar al refugio italiano con su cliente, pasaría a Suiza y avisaría al helicóptero suizo porque los italianos no eran muy seguros. Dijo textualmente: «El helicóptero del ejército italiano, atención. “pericolo di morte ”. Así que, esperamos 24 horas hasta que a las 15:00 del día siguiente, escuchamos el sonido del helicóptero. Fue una gran alegría para nosotros, que llevábamos más de 24 horas de lucha en la montaña. Le hicimos señas moviendo nuestros canguros para indicarle nuestra situación. El helicóptero, que no podía posarse en aquella cumbre tan escarpada, descolgó al médico, vino hasta donde estábamos, me miró las quemaduras provocadas por el rayo y luego colocó una red en una parte plana de las rocas y me puso encima. El médico llamaba al helicóptero: “Achtung. Achtung helicopter”. El aparato se colocó encima y el médico enganchó la red al torno; el helicóptero me elevó por encima de la cumbre y sentí una sensación especial. Mis manos se agarraban a la red con todas mis fuerzas y el viento que provocaban las hélices del motor principal me tiraba hacia abajo, pero todo estaba bien. Sentí miedo. Estaba sin respirar hasta que solté un grito de alegría. ¡Está perfecto! grité a mis compañeros Pere e Iñaki, que estaban junto con el médico en la arista. No sé si me oyeron.
El aparato me bajó hasta un prado cerca del refugio de la parte italiana del Pizzo Badile. Un montón de curiosos miraron la maniobra. Me colocaron en una camilla y el helicóptero volvió a la cumbre a recoger al médico y a mis dos compañeros, que los bajó colgados por el aire.
En el prado del refugio me introdujeron dentro del helicóptero y juntamente con el médico y Pere me trasladaron volando al hospital de Samedan.
Yo estuve 35 días en el antiguo hospital, que estaba enfrente del aeropuerto de Samedan. Desde mi cama veía despegar y aterrizar las avionetas y pequeños aviones. Mientras estuve en el hospital me vino a ver un forense porque era la primera vez que visitaba a una persona a la que le había caído el rayo y no se había muerto. Me hicieron dos operaciones: un injerto en la muñeca derecha y otro en el pie derecho porque tenía una quemadura a consecuencia del calentamiento de la chapa metálica que llevaban las suelas de las botas para darles rigidez. Todo fue bien gracias a los médicos y en tres meses estaba recuperado. Ahora hay un nuevo hospital con seis plantas y ocho plantas subterráneas.
Tuve suerte también en el hospital que el Doctor Hans Mayer hablaba castellano y nos acogió en su casa.
Desde aquí muchas gracias a todos los que ayudaron en el rescate.
iÑaKi
